Teta Vs mama

Llegando ya al final de la iniciativa de #BloguerasporLactancia creada por Acción contra el Hambre y Madresfera, os voy a contar lo que mamá, miembro del equipo The Mamas Team, opina sobre la lactancia y sus circunstancias:

Hace unos meses, de manera transitoria, la logística en casa cambió. El asiento de piloto del coche que suele ocupar mamá por las mañanas, lo empezó a ocupar papá y es que tres mastitis en un rango de cuarenta días, dejan KO hasta a la mayor de las súper women

¡Eso no hay cuerpo que lo resista!

Dicen que a la tercera va la vencida. La vencida, la derrotada y tristísima de mamá. Porque esa maldita y reincidente infección significaba mucho más que el hecho de tomar una caja entera de antibióticos cada quince días. Implicaba también verse en la tesitura de cerrar o no el grifo de la teta hasta llegar a sentirse obligada a ello, presionada por unos y por otros para que tirase de una vez por todas la toalla y colgara de su pecho el cartel de “no hay más leche”.

gota de leche

Pero mamá, haciendo gala de su cabezonería hereditaria, se resistió a ello y anduvo buscando la fórmula para darle la última oportunidad a su teta sin que ello siguiera perjudicando a su estado de salud. Y no fue otro sino el bendito sacaleches que ya les ha salvado un par de veces de drenajes en el pecho y el cese de la lactancia, quien puso fin al dilema que libraban por aquel entonces el Ello y el Yo de mamá. De no ser por él, aquello hubiera acabado como el rosario de la Aurora y todo por no privarle a mi hermanita de lo que más le gusta en este mundo mundial, su mayor fuente de consuelo, su primera palabra, su exclusivo refugio. Su teta.

Todo por mantener ese piel con piel inigualable donde las miradas de una y otra se cruzan. Y además se encuentran entre susurros y caricias que recorren kilómetros sobre su diminuto cuerpecito acurrucado en el regazo más seguro y confortable que pudiera imaginar…

Todo por seguir cada noche besando sus manitas mientras nos olvidamos de si fuera llueve o truena o si mañana hay que madrugar. Momentos en los que, más allá de si la Tierra gira o no, lo único que existe, lo único que importa, son ellas tres. Ratitos en los que mamá se deleita con la belleza de su piel y la increíble paz que transmite su relajadísima “chicho terremoto”, mientras le dice bajito y al oído que no existe sobre la faz de la tierra un bebé más bonito que el que sostienen sus brazos y alimenta su pecho.

Baby on chest

Esto, todo esto y mucho más es la lactancia materna para mi mamá. Porque lactar es más que producir y dar leche. Es dar amor y vestirlo con emociones a las que es imposible ponerles nombre ni palabras. Igual de imposible es pretender que entiendan por qué te encuentras de repente entre la espada y la pared al debatirte entre seguir dando el pecho o dejarlo aquí, porque no ven que ese “algo” va más allá de alimentar a una criatura. Tampoco alcanzan a comprender que, en esto, tú para él o para ella, eres irremplazable, mamá. Que sólo contigo CH puede establecer ese vínculo que habéis creado; que sólo tú tienes la teta que ella tanto demanda y que sólo, la prolactina que sale de tu pecho y es tomada desde tus brazos, forman la conjunción perfecta para soñar cosas bonitas y decir “hasta mañana”.

moon and clouds in the night

Ajeno a sus miradas quedan los baches del camino, porque soy la mejor testigo de que no ha sido fácil alcanzar los veinte meses que ya lleváis de lactancia materna, comprendiendo el insaciable apetito de este pocito sin fondo que es mi hermanita, superando grietas, ampollas y varias infecciones. Porque cuando una mujer está embarazada, le pintan la lactancia materna como un momento inigualable, plácido y de íntima conexión con tu bebé. Pero nadie os dice que al principio duele –y mucho-, que los pezones se agrietan y que, mientras duren las heridas y estas sangren, las caquitas de tu bebé serán tan negras como el chapapote. Y nadie te advierte de que no es necesario acudir a urgencias en mitad de la noche para averiguar qué diantres le ocurre a la tripita de tu bebé y por qué sus cacas son más negras que el tizón.

Tampoco te cuentan que, durante los primeros meses, vas a pasar casi las veinticuatro horas que tiene el día, sentada en el sofá de tu casa con la teta al aire, con o sin visitas, intentando despertar al retoñito para que mame y no se duerma. Porque todas las mamis os pensáis que, nada más nacer, sabemos agarrarnos al pezón perfectamente y exprimirlo hasta quedar saciados, pero olvidáis que, para nosotros mamar los primeros días es lo más parecido a aprender a comer con cubiertos. Ardua tarea para un recién llegado e inexperto bebé que bebía líquido amniótico a placer. Hay que succionar continuamente y con fuerza para que salga la leche a borbotones. Pero nos cansamos con facilidad por la falta de experiencia; se nos amontonan los gases en la tripa; no sabemos aún medir nuestro nivel de satisfacción y de ahí, nuestras regurgitaciones; la prolactina nos induce al sueño volviendo la mágica y típica estampa de un lustroso y sonriente bebé agarradito al pecho de su madre, en una desesperación materna acompañada de soplos en la cara, algún que otro pellizquito y continuos cambios de postura para intentar cumplir que las tomas no se prolonguen más allá de los sin sentido quince minutos de cada pecho que recomiendan los “expertos” y ¡a correr!

childis cutlery

¿A que no? ¿A que nadie os dijo que, al principio, la lactancia no era fácil y para lograr la imagen que os contaba más arriba hay que armarse de paciencia y dedicación? Pues llega un día en el que ya sabemos controlar nuestro apetito y distinguir los tiempos de comida y de relax. Lo normal es que llegue un día en el que preferimos soltar la teta para irnos a jugar. Suele ser así, aunque diferente es el caso de CH, cuyo lema parece ser “no sin mi teta”. Y es que ha sido –y sigue siendo- muy común verla enganchada, casi constantemente, al pezón de mi mamá para desde ahí, jugar como podía o interactuar como quisiera con el mundo y los demás o compaginar con alimentación complementaria. Eso sí, siempre agarradita a su teta, la que ha sido y es para ella su comida, su nana y su doudou. Sólo ahí encuentra la paz que necesita, porque no me negarás, mamá, que tu bendita teta ha sido hasta hace bien poco su único recurso para que pudiéramos tener la fiesta en paz, calmar sus enojos y consolar sus llantos. Para que tú y yo pudiéramos jugar sentaditas en el suelo, leer o merendar. Porque instaurados ya los sólidos en la dieta, el pecho ha seguido siendo su plato principal frente a cualquier otro manjar, llegando incluso a hibernar durante mañanas enteras si por casualidad tú no estabas, esperándote dormida, pasando del mundo hasta que no llegara su teta del alma y saciara su apetito o sus ganas de mimitos.

Pero pasados sus diecisiete meses, tuviste que echar el freno, Magdaleno. No tuviste más remedio que parar a pensar y sopesar qué tocaba entonces: “¿Lo que quiero o lo que debo?, ¿Vínculo o salud? El vínculo, ya está, mamá. Lo habéis creado y por siempre quedará y tú, aún sabiéndolo de buena tinta, te negabas a abandonar. Y yo me preguntaba entonces, como muchos de alrededor

¿Por qué?

¿Qué es lo que te asusta, mami? ¿no ser capaz de suplir esa fuente de consuelo sólo con tus muestras de cariño? o ¿que ella no encuentre su amada teta por la noche?

Male hands with baby

Quizás te frena más no volver a tener esos ratitos exclusivos vuestros de pre-sueño en el sofá que se dan, con suma puntualidad, noche tras noche. ¿No será que te has acostumbrado ya a sus recenas de madrugada, a dormir a trompicones con un pijama, siempre abierto, de botones? Veinte meses y casi ni una sola noche habéis dormido del tirón, mami. Yo, a estas alturas ya estaba peleando con mis terrores nocturnos, olvidándome de los bibes de madrugada e instaurando mi nuevo patrón de sueño de niña mayor.

¿No crees que ya es hora de suprimir la “teta fiestera”, descansar y reponer energías en la nocturnidad de tu vida?

No, no pretendo sumarme a la presión social ni igualarme con el apabullante volumen de “expertos en lactancia” o “jueces lactantes” que asoman por cada esquina durante el puerperio de casi cualquier recién parida. Porque en esto del lactar, los juicios de valor y los consejos vienen de la mano. Todos saben lo que ocurre y tienen la solución para cada caso y, lo más curioso: lo saben igual o mejor que tú.

Véase, por ejemplo, la típica situación de un bebé lactante llorando durante o tras las comidas. Mientras tú rebuscas en tu cabeza “¿qué le puede incomodar a mi bebé?”, aparece un “experto en lactancia materna” que jamás ha dado el pecho y te resuelve las dudas en un pispás: “¡Está claro, mujer! Lo que pasa es que no produces suficiente leche y –el pobre- se queda con hambre”. También está la opción b o que tu leche no es de calidad y por eso no le satisface”. Cuando te “regalan” estos consejos gratuitos, tú probablemente, te quedes mirando fijamente al poco o nada experimentado locutor y pienses para tus adentros: “¡Gracias, Dios mío! ¡¿Cómo no se me había ocurrido antes?!”, con el modo ironía ON, por supuesto.

sonrisa falsa

Ambas afirmaciones suelen reñirse los puestos 1 y 2 respectivamente en el Ránking de opiniones no pedidas sobre lactancia materna o lo que es lo mismo “Cosas que no debes decir a una madre lactante”. Porque todos aquellos que hablan sin tener ni pajolera idea, tampoco la tendrán del daño que puede generar a una mamífera humana y sus alborotadísimas hormonas, a ella que lo está dando todo por llevar adelante algo tan bonito y sacrificado a la vez, como es esto de la teta.

A todos ellos les damos las gracias porque, seguro, su intención será buena, pero también les informamos de que ambas hipótesis no son más que dos de los tantos falsos mitos que sucumben a la lactancia materna. ¿Por qué? Porque la naturaleza es sabia, señores y es prácticamente imposible que una madre provista de pechos y gozosa de buena salud física y mental, no tenga la capacidad de producir leche suficiente como para amamantar a sus retoños, con el añadido de que, esta leche llamada de baja o mala calidad, es inexistente. Si bien es cierto que hay factores como el estrés o situaciones de ansiedad que influyen en la producción de la leche materna, en general, todas las mamis podéis amamantar, porque incluso la que es producida por aquellas que viven en situaciones de pobreza o desnutrición, es de calidad, porque ya se encargan las células productoras de la leche de acercarse hasta las reservas de mamá y recoger de ellas todo lo necesario para que el bebé crezca sano y fuerte, ¡para que no le falte de nada!

Porque es leche natural que nace de la diada bebé-mamá y no hay nada más natural que un cuerpo humano o una teta. Por eso no entendemos que os escandalicéis cuando mujeres como mamá se sientan en cualquier peldaño, banco o escalera de la calle para depositar sus posaderas y dar de mamar a su bebé de la manera más cómoda posible ya que muchos establecimientos públicos carecen de un mínimo espacio de lactancia, sin grandes ni pequeños lujos. Sencillamente no disponen y por tanto, las mamás no tienen más remedio que hacer de su pecho, un elemento de interés público en contra de su voluntad. Y ante esto, yo me pregunto, ¿por qué cambiáis la mirada en cuanto veis que de la blusa abotonada aparece una teta más blanca que la leche en pleno centro comercial, estación de tren o autobús? ¿Por qué os resulta tan increíble y a la vez no podéis apartar la mirada mientras comentáis la jugada con el de al lado? Porque tenéis prejuicios que os impiden ver un pecho como algo más que un mero objeto sexual para daros cuenta de que se trata también de una fuente de alimento. Porque sólo os quedáis en lo erótico festivo. Y muy pronto habéis olvidado que vosotros, en algún momento de vuestra existencia, por breve que fuera, fuisteis alimentados de igual forma. Y seguramente, esas mujeres mayores que ahora critican la lactancia en público, años atrás salían orgullosas a sentarse en los poyetes de sus casas a compartir con las vecinas el momento de lactar. Porque antiguamente la lactancia, además de íntima, era compartida y natural.  Y ¿acaso ellas no tienen lo mismo que tú y que yo?

señora

¿Y qué pasa con esos hombres que se levantan del asiento cuando te ven tomando postura y adivinan tus intenciones? Seguramente será porque es la primera –y única- teta que hayan visto en mucho tiempo y quizás por haber olvidado el aspecto que estas tenían, se escandalicen. O puede ser que, simplemente, te estén cediendo más espacio de manera altruista, pensando en tu comodidad e intimidad del momento. Pero llega un punto en la lactancia de toda mujer que la vergüenza se queda en casa, que la gente de alrededor desaparece aunque siga deambulando y comentando en torno a ti cuando coges a tu bebé en brazos y este se engancha decidido a tu pecho, cuando comienza a mamar. A comer. A consolarse. A buscar tranquilidad. A coger el sueño. A estar, tan sólo, un ratito en los brazos de mamá. A ser feliz.

Porque llega un momento en el que la teta ya no tal y se convierte en mama y que, donde quiera que sea, si él la necesita, tú se la darás. ¡Hasta de pie y caminando, si hace falta! Sostenidos por los brazos de mamá o porteados; mientras ella hace la compra, estudia o se lava los dientes. Cualquier momento es bueno para poner una mama en su vida, porque la intimidad la pones tú. Tú, tu bebé y vuestro especial cruce de miradas que alimenta más que cualquier otro alimento altamente investigado y preparado.

intimidad

No juzgues cuando veas un bebé mamar en público, porque la lactancia es una decisión estrictamente personal. Es algo natural, como la vida misma, como la fuente de vida que es. 

Agradece siempre a esas mujeres emprendedoras como Sara Musicó y las chicas de Sainte Claire que colaboran donando parte de su trabajo, de su esfuerzo y dedicación para ayudarnos en el reto #BloguerasporlaLactancia a acabar con la desnutrición infantil.

¡Gracias chicas por ese súper curso de fotografía y ese peto vichy molón!

Y tú, ¡no te quedes con las ganas y dona! ¡todavía estás a tiempo de ayudarnos a alcanzar nuestro objetivo que, más allá de recaudar dinero, es difundir la importancia de esta parte mágica de nuestro cuerpo:

¡La teta y su leche materna!

4 comentarios en “Teta Vs mama

  1. Vidas_pixeladas Carla dijo:

    Vivimos en una sociedad muy falsa voy a escandalizarse de una Teta que ni veo, por que no se ven, cuando veo porno aquí y allá, voy a decir que lo natural es más sano pero voy a acosar con biberones a la mamá que decida amamantar, y así con todo.

    • Nuria dijo:

      Con dos frases lo has sintetizado muy bien, Carla.
      “Sociedad falsa” llena de prejuicios que pone una cara y actúa al revés.
      Donde prima más lo que está socialmente aceptado que aquello que es naturalmente saludable, beneficioso o simplemente, como fue, natural.
      Y he aquí donde ya no hablo tan sólo de la lactancia materna sino de otros muchos comportamientos del ser humano…

  2. AFF dijo:

    Ay C..
    después de volver a leer y leer…que buenos recuerdos de tu amigo A y su lactancia y hasta los 24 meses.
    Esos inicios tan duros y tantas noches sin dormir y con la teta fuera todos los días y a todas horas. (..creo que ya media España se las conoce.)
    Esa lactancia a demanda. A cualquier hora lugar y sin tiempo fijado.
    Esas continuas crisis de crecimiento en las que cada segundo A reclamaba teta para que yo generara más leche.
    Ese cruce de miradas complices cada vez que A se enganchaba a la teta. ..
    Essos momentos exclusivamente de A y mios…
    C….cómo entiendo a mami en su cabezoneria a NO dejarla.

    • Nuria dijo:

      Gracias nenita por compartir tu experiencia con nosotros (yo ya me la sabía 😜).
      Sólo una pregunta: ¿Me quieres hacer la competencia o qué? 😉😉
      Muy sincera tu opinión 😊
      Casi cada noche cuando me despierto a dar la recena me acuerdo de las tuyas de escasas horas de sueño y que, cuando me lo contabas yo pensaba: “Bufff yo no podría”. ¡Y vaya si puedo!
      La naturaleza es sabía y nos da energías suficientes para afrontar los días después de dormir poco, en la misma postura de “vuelta y vuelta” y seguir con nuestros momentitos 😉

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