¿Qué es el cáncer?

¿qué es el cáncer?

Mal humor sin venir a cuento. Desidia permanente. Infelicidad teniéndolo todo. Alegría y risas a raudales. Miedo, pavor. Una montaña rusa de sentimientos… Tan pronto estás en la cima comiendote el mundo como tan pronto te encuentras abajo siendo devorado por el pánico y la desesperación. 

La angustia del no saber qué pasará. La incertidumbre de los plazos. Del bienestar. De la tranquilidad. De la normalidad. De los efectos adversos, las precauciones que debería tomar y las consecuencias de hacer esto y aquello. De llevar una vida normal como llevan la mayoría de los mortales. De saber qué está pasando ahí dentro cuando todo aquí fuera nos dice que todo va bien. Es la duda constante. 

Es escalada extrema. Un camino duro. Acompañado y apoyado, si, pero muy duro. 



Es asustarse y de repente no encontrarle el sentido a la vida.

Es sentirse apoyada sin que sea suficiente. Es ver venir acercarse la tormenta y no encontrar un lugar donde guarecerse. Es no querer tan si quiera guarecerse. Y de repente te encuentras en lo alto de la montaña rusa de nuevo, queriendo darlo todo. Sabiendo que te vas a mojar pero te pueden más las ganas de bailar bajo la lluvia. De saltar en los charcos. De cantar. 

Es verlo todo negro y al minuto todo rosa. O blanco. O todo multicolor, qué se yo! 

Es querer quitar esa piedra en tu camino de un zarpazo cuando sabes que ya es un poso de café. Es hacerte amante del café. De su sabor amargo y su olor a salas de espera. 

Es querer huir, lejos, muy lejos. Donde no te vea nadie y ningún ser humano te conozca, pero tener el corazón anclado a tu presente. Es no querer querer. Odiar amar. Odiar tus sentimientos. Querer ser insensible. Repudiar tu forma de ser y anhelar un corazón de hielo. Es amor. Es dolor. Rabia. Tristeza. Impotencia. Y amor otra vez. Cada vez más fuerte y, a medida que crece, alimenta el miedo, la angustia, la incertidumbre. Y es aquí cuando te vuelves loco y ya no sabes qué sentir ni qué hacer para protegerte. Para protegerles. 

Es querer dar tu vida por el otro. Dar lo máximo de ti para ayudar. Es no saber cómo ayudar. Es sentirse insignificante y, al minuto, imprescindible. Es sentirse el ser humano más amado y el más desafortunado. Es sentirse desamparado. Sentirse arropado. Es sentirse una carga queriendo gritar fuerte SOS. Es el miedo a verse solo queriendo no interferir en la vida de los demás, no molestar. 

Es querer parar el tiempo o pausar el juego. Hacer crucis o tirar los dados y volver a empezar. De eso se trata, de volver a empezar una y otra vez. Volver a luchar sin tregua para descansar. Es coger una bocanada de aire cuando aún estabas soltando el anterior.

Es darlo todo o nada

Es querer volver atrás y revivir. O rectificar. Arrepentirse. Es querer que el tiempo vuele y vernos dentro de 10 o 20 años compartiendo. Sonriendo. Abrazando. Son promesas. Sin valor. Que llegan tarde. Es tiempo perdido que se quiere recuperar y no se puede. 

Es comprensión. Compasión. Es unión en estado puro. El apego hecho abrazo. Son lágrimas de todo tipo. Es escuchar a la necesidad de hablar. Es ansia de expresar sin saber por dónde empezar, qué decir ni a quién culpar. 
Es desahogo. Desconsuelo

Es buscar en el pasado. El culpable. Qué he hecho yo para merecer esto. Que has hecho tú para merecerlo. Por qué a nosotros. Es pensar en el karma y acordarte de aquella vez en la que… Es encontrar la causa. Es buscar y no encontrar. Es preguntar una y otra vez. Es investigar para llegar a entender el cómo y el por qué. 

Es vivir sin tratar de comprender. Jugar las cartas que te han tocado para ganar la partida. Es ganar la partida

Eso es el cáncer…

Vivir. Simplemente vivir.

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