La clave está en disfrutar con lo que haces

La clave está en disfrutar con lo que haces

Sí, esa es la clave: Disfrutar con lo que haces, nos dice mamá. 

Hace poco menos de un mes que mamá lanzó una botella al mar este de internet. Iba cargada con lo más profundo de su ser: Reflexiones de esas que ella misma se hace cuando da la vuelta a su cabeza, se pone del revés y comienzan a salir apresuradas.

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De repente, pensó que podría ser buena idea hacer públicos sus valores y compartirlos con todo aquel que los quisiera leer, por si les fuera de utilidad o de interés. De modo que se puso manos a la obra y, como esta vez no iba a ser diferente a cuando mamá quiere algo (que lo quiere ¡ya!), en apenas dos días ya tenía su dominio en la red, página en Facebook, Twitter, un blog con cuatro entradas publicadas y algo que, si bien no era comida, le hacía sentirse “muy llena”, tanto, que no cabía en ella.

Esos primeros días fueron de euforia, lecturas y mucha “puesta a punto” para el lanzamiento. Días en los que mamá andaba como loca; de contenta (y de remate), porque para mí que perdió el norte. De repente olvidó mi nombre y, en vez de dirigirse a mí en esos términos cariñosos que ella habitúa, comenzó a llamarme Musa o algo parecido (al principio no me daba por aludida, pero comencé a tener que hacerlo cuando, de manera simultánea, me cogía la cara y comenzaba a darme besos sin parar.) “− ¡Musa! ¡Ay, mi musa! −me decía”. Y yo, alucinada.

Sin venir a cuento, estando las dos abrazadas en el suelo del salón, me dijo: C, soy muy feliz, ¿lo sabes?” a lo que yo respondí con otra pregunta: ¿Por qué, mami?”. Fue ahí cuando mamá me reveló la clave de su felicidad: Hacer lo que te gusta. Porque no hay nada mejor que sentir tus niveles de satisfacción rebosantes cuando guardas un nuevo relato recién horneado, nacido de la más sincera inspiración como es la que te puede generar tu experiencia maternal, el tiempo que dedicas a tus hijos, la autoevaluación que te haces cada noche al acostar y la buena disposición que le pones cada día al despertar. Porque no hay nada más grande que conseguir brotar en alguien lágrimas de emoción. Servir de inspiración para unos, iluminar a otros. Poner sonrisas y evocar recuerdos”.

¿Hay algo más bonito que todo eso?

Los días pasaron y los lectores de las largas parrafadas que escribe mamá, iban en aumento. Los halagos vinieron de la mano de los posts más recientes, mas no los comentarios en el blog. Al principio, mamá se sentía igualmente satisfecha por su hacer, su redacción, hasta que la peligrosa sombra de Google Analytics la acechó tras adentrarse en el infinito mundo de las Redes Sociales, ese laberinto del que todavía no hay mapa actualizado (ni lo habrá) y en el que nos perdemos con suma facilidad. Tal y como le ocurrió a mamá quien, habiendo clasificado los blogs de la red en dos tipos (personal y profesional), comenzó a plantearse dar el salto del primero al segundo con el suyo recién estrenado, pasando así del mero placer de compartir con otros lo que lleva haciendo hace más de veinte años (escribir sus feelings), a tener la mente colapsada casi las veinticuatro horas del día con preguntas como:

¿Cómo monetizar el blog? ¿Cómo puedo atraer más tráfico? ¿Cómo fidelizar lectores, conseguir sponsors,…? ¿Cómo me puedo acercar a las marcas?

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Todas estas cuestiones rompieron la magia del momento que vivía mamá y convirtieron la nube de “qué feliz soy por hacer lo que me gusta” en una polvareda de estrés encaminada hacia la competitividad de la que ella tanto huye. Así, le empezaron a preocupar más el número de visitas al blog, los followers o los suscriptores que sus propias ideas. Osó compararse con otros bloggers de mucha más trayectoria lo que, indudablemente, le hizo sentirse pequeña e insignificante en la realidad 2.0 y, aquellos escritos que tal inyección de alegría antes le aportaban, ahora resultaban insuficientes y hasta poco atractivos para conseguir estar en el “Top ten”.

Dar respuesta a todas las preguntas anteriores requiere formación y esta, demanda a su vez dos de los ítems más valiosos que hay en nuestra sociedad: tiempo y dinero. Ambos escasos en la vida tan completa (y llena, por cierto) que tiene mamá. Luego entonces, “−¿Dónde está la gracia? −mamá se preguntaba.” “−Si las visitas, los comentarios a mi blog y mis suscriptores no van creciendo, ¿qué sentido tiene escribir un blog?” Pues lo tiene y mucho. Se llama disfrutar con lo que haces.

Presa de su maraña de ideas y encerrada en un bucle sin salida que no hacía sino quitarle el sentido a su nuevo proyecto, decidió pedir ayuda y preguntar, por dónde se iba a Roma o por lo menos, dónde estaba la salida de este peligroso laberinto. A su grito de ¡Socorro! respondió Madresfera, con quien mantuvo una rica, muy rica charla virtual durante casi una mañana entera -Mónica, la próxima que sea al calor de una buena taza de té o unos rayitos de sol-. Et voilá! El nudito que se había formado en las ideas de mamá se deshizo y el barco siguió navegando, con las miras puestas en sus objetivos.

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Tras estos mails intercambiados en los que mamá le explicaba a Madresfera cómo lo pasional de escribir se había convertido en una carrera de fondo motivada por la obligación de generar contenidos a menudo, llevarlo todo al día y de la mejor manera posible para estar ahí, entre las mejores, decidió que no, que no iba a escribir para competir. Que su objetivo, hoy por hoy, está claro y no es otro más que hacer visible su interior y su manera de entender la infancia; tratar de inculcar empatía y respeto de los adultos por los niños y así lograr que estos lloren menos (que mamá no puede ver un niño llorar que no es atendido, porque se le pone un nudo en el estómago tremendo) y se les trate con más cariño y más amor, porque se lo merecen, ¡que son niños, por Dios! Sólo eso es lo que mamá quiere con su blog.

Y dicho esto, si disfrutas escribiendo, escribe hasta la saciedad, pero hazlo sin contar. Que en las letras, los números no importan, que como dijo Machado, “Caminante no hay camino, se hace camino al andar” exactamente eso es, disfruta del camino. Siéntate y escribe para dedicarte un ratito a ti y a aquello que te hace feliz.

Fijaos, son las 2:34am y en casa todos duermen plácidamente. Todos menos mamá, que se encuentra frente a frente con su preciado ordenador, ese que le regala endorfinas en forma de páginas escritas cuando es capaz de concentrarse en sus relatos nocturnos, rompiendo el silencio de la noche con el constante golpeteo del teclado y su valiosa reflexión “−¿Qué más da si tu blog no es el “Number one” y no recibe el “Premio al mejor blog bitácora del año si tú, al escribirlo ya estás siendo premiada con gran satisfacción personal?

La pasión no tiene precio y, como dice Madresfera, si les gusta lo que cuentas, se quedarán”.
 (Y volverán)

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14 comentarios en “La clave está en disfrutar con lo que haces

    • admin dijo:

      Muchas gracias Rocío,

      Sí. Creo que es importante no perder el norte y dejarse llevar por las locuras o los ritmos de este mundo virtual que, precisamente por eso, es difícil de valorar (las circunstancias de cada uno, el tiempo de dedicación, los recursos…).

      ¿Lo mejor? Si no se hace daño a nadie, ¡hacer lo que te plazca!

      ¡Nos vemos por aquí! 🙂

    • admin dijo:

      ¡Escribe, Jirafa diminuta, escribe! Se me han puesto los pelos de punta con estos comentarios, que significan tanto para mí…

      Sentirte identificada con esto que digo… ¡Uf! ¿Hay mayor recompensa que esa? Sinceramente, creo que no…

      ¡Por aquí estaremos para escribirte! (y leerte 😉 )

    • admin dijo:

      ¡Y aquí estaré yo con mis escritos, esperándoos! 🙂 No, si se van a hacer las cosas que más nos gustan por “obligación” o bajo presión, mejor no hacerlas.
      ¡A disfrutar! 🙂

  1. sandra esperanza botello dijo:

    Aun cuando ya no tengo bebes, solo uno de 20 añitos, tus escritos me han atrapado, cada lectura es enriquecedora, solo piensa que eres como un iman, y atraerás todo lo bueno de tus pensamientos.

    Ya he compartido esta pagina con alguno de mis amigos

    tqm

    • admin dijo:

      Mil gracias por eso que me dices, Sandra. Me encanta “atraparos”. Ese es el objetivo. Aunque no seamos cientos o miles, pero que seamos de verdad. 🙂

  2. José dijo:

    Los que te conocemos, porque te hemos “parido” -¡tantas veces…!-, no sabes lo que disfrutamos leyéndote. Viendo cómo trasladas al “papel” sentimientos, vivencias, vidas de las que somos testigos y, por lo tanto, también cuasi protagonistas -secundarios, que conste- de ese estar siempre volcada en esas dos vidas que ocupan todo tu tiempo, todas las veinticuatro horas del día, sin importarte que fueran treinta o cuarenta. Aunque yo lo exprese menos, lo observo como el que más. De ahí mi admiración y mi sombrerazo. Tus hijas un día te lo devolverán. Y con creces. Papá

    • admin dijo:

      Gracias por tus palabras, tan verdaderas. Tú lo has dicho: Ni treinta, ni cuarenta. Y es que hay días que deberían durar para siempre…
      Gracias porque esto de escribir te lo debo a ti, otra de las tantas cosas -buenas y regulares- que me has pasado en los genes; otra de las tantas que hacen que seamos tan iguales. De tal palo, tal retahíla. Un beso

  3. Luz Morales dijo:

    Enhorabuena!!!! Por el articulo y por la reflexión! Disfrutar con lo que haces!!! Ni más ni menos…. Esa es una de las bases (al menos para mí) de la felicidad !!
    Te queda mucho por vivir , sigue escribiendo tan bonito y disfrutando de lo que haces!!!

  4. Angeles (La Vida Manda) dijo:

    Suscribo todas tus palabras, yo tampoco llevo mucho tiempo y me pasaba como a ti, ahora tengo muy claro que escribo porque me gusta pero sobretodo porque me he dado cuenta de que me hace mejor madre. Si lo haces así todo lo demás acaba viniendo solo, te seguiré de cerca!

    • Nuria dijo:

      Gracias Ángeles y ¡bienvenida a mi blog! 🙂

      Ciertamente, dejar por escrito todas las reflexiones que nos hacemos, ya no como madre, si no como personas, nos hace eso precisamente. Mejores. Y no mejores QUE los demás, si no CON los demás.

      Enhorabuena por tu puesto en EL RANKING y por tu blog! al que seguro seguiré 😉

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