Descubrimientos académicos

Descubrimientos académicos

Terminados los exámenes, comienza una etapa de menos frenesí, más piscina, lecturas de verano, helados y ¡hobbies a tutiplén!

Ahora sí, ¡a otra cosa tiritosa! Es momento de hacer balance de los nueve meses que hemos pasado estudiando llenitos de ganas, ilusión, nervios, trabajos, exámenes y carreras, muchas carreras de un lado a otro impulsadas por el “Yo, yo yo” de mamá y su afán por llegar a todo en primera persona. Llaménle cabezonería hereditaria, perfeccionismo o elevado nivel de autoexigencia. Sea como fuere, estos tres elementos combinados de manera simultánea son capaces de estresar a un oso perezoso o ponerte de un humor de perros cuando menos te lo esperas, porque, tal como dijo Aristóteles en Ética a Nicómaco, “cualquiera puede ponerse furioso… eso es fácil. Pero estar furioso con la persona correcta, en la intensidad correcta, en el momento correcto, por el motivo correcto, y de la forma correcta… eso no es fácil.”  

Aristóteles

Y el hecho de traerse veinte mil cosas entre manos y pretender abarcarlas todas con el máximo nivel de excelencia, genera en cualquiera momentos de crispación, al encontrarse, ni más ni menos, que con dos brazos y dos piernas, como todos los mortales de este mundo. Por eso, más vale que corramos un tupido velo y obviemos esos caóticos momentos, pues sólo así encontraremos una mente y una persona que siente haber crecido y aprendido durante este curso escolar cual niña de preescolar.

Y sí, precisamente por ahí vienen los tiros, por la Educación Infantil. Esos estudios que tienen cada día más enganchada a mamá. Esa etapa de la vida que la abduce y la seduce a partes iguales y por la que no le importa cambiar horas de sueño por lecturas académicas y ser ella quien le cante al gallo. Es su fuerza de voluntad quien la despierta por la noche y la invita a levantarse de la cama caminando de puntillas, adivinando entre las suaves luces de la madrugada el camino que le lleva hasta su ordenador. Tomar una buena ducha de agua fría, prepararse un café recién hecho y comenzar a estudiar con nuestras laxas respiraciones y algún que otro ronquido como música de fondo. Esas lecturas entre legañas e interrumpidas por amplios bostezos, son sin duda las que le dicen a mamá que cada vez está más cerca. Cada madrugón es un peldaño que le acerca a su objetivo: dedicarse, más pronto que tarde, a la docencia; conseguir niños que se sientan comprendidos, valorados. Respetados. Niños felices y completos, porque ya Óscar Wilde nos dio la receta cuando dijo que el medio mejor para hacer buenos a los niños es hacerlos felices”.  Y qué mejor manera de lograrlo que a través de la educación. Ese increíble mundo en el que nunca se deja de aprender y donde, por su personalidad, carácter e intereses, por su forma de entender la infancia (¡la vida, en definitiva!) mamá puede ser ella tal y como realmente es, dar lo mejor de sí y compartirlo con nuestro futuro, los niños.

Niña columpio

Porque, en el caso de mamá, el hecho de querer dedicarse a la enseñanza no responde ni a vocación, ni a gaitas, sino más bien a una manera de entender la vida, al ser humano y sus necesidades. Es una forma de vida, una visión sobre nuestra existencia acompañada por una motivación que crece cada día y le impulsa a querer aprender más y más de la materia, algo que debería ser condición sine qua non en nuestras profesiones. Es un sentimiento que le repite cada día que no se ha equivocado en su elección; que es cierto aquello que dicen sobre que “el esfuerzo todo lo consigue”, y todo lo descubre. Porque si buenos han sido los aprendizajes alcanzados durante este año académico, grandes han sido también las personas descubiertas entonces.

Pero si tanto te gusta, “¿por qué no lo hiciste antes?” Porque no era tu momento, mami. Porque si lo hubieras hecho antes y no ahora, no hubieras llegado al mismo punto al no haber contado con las experiencias y los valores que hoy traes contigo y, más que nada, la compañía en esta aventura también hubiera diferido.

Y es que se suele decir que, para encontrar nuestro camino y alcanzar nuestro sueños, todos necesitamos contar con un mentor en esta vida, pero no siempre es fácil o se tiene la suerte de toparse con él.

¿Toparse?

¿Realmente es efecto del azar ese encuentro o, más bien, será fruto del destino?

Ni mamá ni yo creemos, en absoluto, en las casualidades de la vida. La suerte no se encuentra, está. Está en el debido lugar, justo en el momento acertado, con la persona oportuna. Y si está ahí, entonces se consigue a base de entrega, trabajo y devoción.

No existen las coincidencias y no creemos que sea verdad eso de que todo llega si no lo buscas. Si no preguntas, no te enteras y buena prueba de ello es ese gran interrogante que constantemente sobrevuela esa cabecita loca que tiene mamá, esa mente incansable y que, antes de salir de una, ya está pensando en otra para hallar la respuesta a los por qués de todo lo habido y por haber. Y así buena testigo de esto que os estoy contando es, a quien mamá recientemente ha bautizado como, su mentora.

Leadership concept with blue paper ship leading among white

Pero, ¿qué es un mentor?

Mentor, literalmente es “persona que aconseja o guía a otro” pero en nuestro caso particular, también es aquella persona que comparte contigo el gusto por lo emocional y la evolución del ser humano, tanto de su lado más profundo como de las facetas más superficiales que la humanidad suele mostrar. Es alguien que se pregunta y se cuestiona, al igual que tú, las causas y orígenes de nuestros comportamientos, nuestras reacciones, sus consecuencias.

Un mentor sabe leer en tus adentros. Te motiva. Sabe identificar tu potencial y cómo  explotarlo al cien por cien. Te invita a crecer. Es alguien con el que nunca te cansas de hablar y, cuando quieres darte cuenta, habéis viajado por innumerables temas tan dispares entre sí, que resulta una conversación a la que es difícil poner fin. Las opiniones se complementan unas a otras. La temática se enriquece y ambos, pupilo y mentor, aprenden. Aprenden a pesar de la virtualidad inherente a un correo digital que resulta ya insuficiente para sacarle todo el jugo a las palabras.

Coincide contigo en puntos de vista, valoraciones, hobbies como el dibujo o en virtudes como la constancia y el tesón.

Un mentor cree en ti. Te hace creer en ti

child plays superhero

En efecto. Habemus mentoris! Nuestro gran descubrimiento durante este curso, ¡sí señor! Esa mentora de moda que ha sabido conjugar dos de las mejores aptitudes de mamá para abrirle los ojos a una nueva forma de volcarse en sus sueños. Porque la educación no se restringe sólo a las aulas de un colegio y cabe la posibilidad –y no tan remota- de que mamá incluso pueda aportar más a los niños y a su entorno respondiendo a todas preguntas que guarda en su mente inquieta. Porque cuando se enlaza la pasión con la vocación, el resultado sólo puede ser positivo.

Por eso, ahora sí, mamá te desea unas felices y merecidas vacaciones. Descansa todo lo que puedas y recarga pilas al cuadrado porque, a la vuelta del verano, mamá vendrá a llamarte con nuevos misterios e interrogantes a resolver. Cierra sesión. Apaga el ordenador y broncéate en la playa bajo el sol, pero no sin antes llevarte bajo el brazo su pequeño agradecimiento:

“Gracias por dejarme compartir contigo mis inquietudes sobre los niños, el ser humano y el poder de la mente o las emociones. Gracias por cruzarte justo tú en este camino que estoy recorriendo en este preciso momento clave de aprendizaje, crecimiento y búsqueda de mí misma como están siendo para mi estos estudios; gracias por reafirmarme en mi tendencia a las reflexiones y a darle, a nuestra parte emocional, la importancia que se merece y, sobre todo, gracias por animarme a conjugar reflexión y redacción para abrir las nuevas puertas de mi futuro. Gracias por estar ahí”.

girl with multicolored balloons and bag

¿Y vosotros?

¿Habéis encontrado ya vuestro mentor?

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