Cuéntame un cuento y verás qué contento

Cuéntame un cuento

En casa nos gusta leer, estudiar. Nos gustan los libros. Y, a pesar de que yo convivo con ellos, sigo sin saber qué son o qué es lo que realmente llevan dentro, eso que mamá llama “Literatura Infantil” y trató de explicarme así: 

Érase una vez un tipo de literatura, la Literatura Infantil, que cualquiera, tentado por la ignorancia, se atrevería a definir como “aquella cuyo público objetivo son, exclusivamente, los niños”. Sin embargo, con el paso de los años, poco a poco los adultos nos hemos ido percatando de que esa condicionada y restringida definición no podía estar más alejada de la realidad, pues, la Literatura Infantil trata, más bien, de una actividad que, basada en las palabras, persigue atraer a los más pequeños, enseñarles con una mezcla entre didáctica y diversión, desde aspectos cotidianos de la realidad en la que crecen y se desenvuelven día a día, hasta la fantasía más fantasiosa. Algo en lo que, el hecho de que el niño sea el receptor, se convierte casi en algo azaroso, pues este tipo de literatura no sólo es capaz de enamorar al público infantil sino, cada vez más, de atraparnos también a los más grandes y experimentados.

Y es que, como ya dijo Isabel Tejerina en 1994, “mientras que los buenos libros para mayores no son siempre para niños, los buenos libros infantiles sí son aquellos que también son capaces de interesar, incluso de conmover, a los adultos”. Y razón no le faltaba, sin embargo, si tuviéramos que dar las características propias de la Literatura Infantil diríamos que esta se define por la brevedad del texto que la conforma, siendo esta inversamente proporcional a la edad del lector (¿o no es verdad, ángel de amor, que en los libros orientados a bebés se perciba la ausencia total de texto?). Como base del desarrollo del argumento encontramos un predominio de la acción y el diálogo cuyo protagonista, en la mayoría de los casos, suele ser un personaje infantil y/ o juvenil a su vez.  Además, el argumento suele llevarse a cabo siguiendo esquemas convencionales y es fácil percibir cierta tendencia moralista (la literatura infantil siempre ha sido una excelente herramienta para los adultos a la hora de transmitir principios y valores de manera lúdica y agradable a los más pequeños) siempre desde una forma de expresión y lenguaje simple, adaptado a la edad del futuro lector (u oyente).

No debemos olvidar que, en la mayoría de la Literatura Infantil, a pesar de incluir algún episodio levemente dificultoso o trágico, predomina el optimismo y una visión de la vida alegre y positiva. Los problemas, las situaciones engorrosas ya sean conducidas en ambientes reales, mágicos o de fantasía, siempre tienen un final feliz (de ahí el famoso “Y fueron felices y comieron perdices”).

Pero mami, ¿es la Literatura Infantil distinta de las “otras” literaturas?

Podríamos decir que, quizás lo más adecuado para responder esta pregunta sea su específica y cuidadosamente elegida localización en el tiempo y el espacio, entre un locutor adulto y el receptor infantil, el cual carece todavía de recursos suficientes para manejar todos los aspectos de la vida o la sociedad en la que vive, como por ejemplo su todavía escasa y parcial experiencia de la realidad, limitaciones en el lenguaje, vocabulario, estructuras lingüísticas, intelectuales, afectivas, etc. relaciones sociales, valores morales, normas sociales y demás elementos que caracterizan la edad adulta.

Y ¿por qué a los niños no les gusta leer, mami? 

Te diré que, rememorando mis tiempos como alumna de primaria, la lectura y los libros eran algo impuesto. Antes más que ahora, se “obligaba” a los niños a leer “X” libros al año durante el curso y, yo recuerdo que, en mi clase y durante las horas de lectura, cada compañero leía un párrafo o una página, lo cual, te interesara o no el tema, te obligaba a estar ojo avizor por si eras la “elegida arbitrariamente” por la profesora pues, en caso de pillarte desprevenida o pensando en las musarañas, ya te habías ganado la regañina o el castigo”.  

Curiosa forma de fomentar la lectura entre los más pequeños, cuanto menos. Esas horas lectivas a la semana junto con el “cuento de la noche” y los libros obligatorios para el verano han venido siendo los recursos más empleados -erróneamente- para establecer la relación entre el niño y el libro, privando a los primeros de la libertad de elección en la mayoría de ocasiones. Sin embargo, a día de hoy, el acercamiento a la lectura se ha visto arropado por multitud de actividades y posibilidades que los niños conozcan los libros y los mundos que contienen y es que, cada vez es más frecuente encontrar en las librerías y/ o bibliotecas un espacio dedicado en exclusiva a los más pequeños. 

Pero no podemos obviar el papel del adulto en este acercamiento, en esta relación. Sí, el ejemplo que demos en casa o en la escuela leyendo o manejando libros es fundamental, por supuesto pero, en ningún caso nuestro último fin ha de ser que todos los niños amen la literatura, pues se trata de un hobbie, una forma de ocio basado, por tanto, en gustos y preferencias. Obligar a amar es un imposible, lo mismo que obligar a leer y, si lo hacemos,  lo único que estaremos consiguiendo es que detesten la lectura y aparten los libros de su vida.

Puede ser que, cuando son pequeños no muestren curiosidad o interés por ella, porque estén más centrados en otro tipo de actividades (por ejemplo, un niño muy activo le puede resultar complicado quedarse sentado durante largo rato escuchando un cuento u hojeándolo él mismo porque necesita descargar energía con otra actividad que le implique mayor movimiento pero, ya de mayor, ese mismo niño, se vuelva uno devorador de libros.)

¿Cómo?  

Presentándoles la actividad como algo divertido y opcional, no como algo impuesto o de obligado cumplimiento apoyándonos en el argumento de que sólo así van a ser más cultos y van a aprender más. No, ni hablar. La Literatura Infantil no debemos verla como algo exclusivamente anejo a la educación y, mucho menos debemos hacerlo porque nuestra meta sea que los niños se conviertan en futuros adultos lectores. Ellos decidirán si se decantan por la lectura o por otro tipo de ocio. La Literatura tiene que ir más allá y nosotros con ellaNo necesariamente debe hacerse apoyándose en las páginas de un libro o dentro de una biblioteca, clase o sala de lectura. Existen multitud de nuevas formas de leer con y para los niños: los cuentos de dedos, los cuentos cantados y, una de mis opciones favoritas, la invención de cuentos, donde la mayor protagonista es la imaginación; la suya y la nuestra. La Literatura, en general y más todavía la infantil debe satisfacer la realidad de las personas, permitiéndonos a nosotros mismos -y a los niños- poner en marcha todos los motores de nuestra imaginación, transportándonos a otros mundos reales o que sólo existen en nuestra imaginación y, si me lo permitís, siendo protagonistas de nuestras fábulas, rimas o leyendas.

Los libros son una poderosa herramienta para poder conocer, en cierto modo, a nuestros antepasados, la historia del mundo donde vivimos y demás realidades acontemporáneas al lector imposibles de alcanzar de otra forma que no sea viajando por sus páginas. 

La Literatura Infantil implica más que la narración de historias, cuentos o el recitado de poesías. Significa una oportunidad para pasar tiempo con nuestros niños de manera distendida y relajada. Sin prisas para conocerse el uno al otro: sus gustos, intereses, preocupaciones o miedos que más acusan en ese momento. A través de la lectura conjunta -o la invención de historias y personajes- podemos llegar a escuchar inquietudes que, en primera persona, jamás se atreverían a contarnos. ¡Por no hablar de la concentración cuando nos quedamos boquiabiertos ante la sucesión de hechos y la intriga del “cómo terminará todo”!

Me preguntabas qué es la Literatura Infantil, los libros… Y yo te respondo que es un momento. Nuestro momento, ese en el que fusionamos tu pequeña cabecita con la mía grande e inventamos desde historias hasta personajes, pasando por millones de preguntas y variaciones que surgen con cada nueva aportación. Es el momento de ser quienes desearíamos ser, de volar si lo deseamos o de hacer magia con nuestras mano. Por eso, los libros son uno de los mayores regalos que nos puede dar la Literatura Infantil como docentes, padres y personas.

Y colorín, colorado, este cuento se ha acabado…

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