¡Adiós, guarde! ¡Hola, cole de mayores!

¡Adiós, guarde! ¡Hola, cole de mayores! ¡Adiós, guarde! ¡Hola, cole de mayores! 

Pasado el verano, llegó el nuevo curso y con este, mi nuevo espacio: el cole de mayores. Es tiempo de melancolía para mamá y de recordar tiempos pasados en los que me iniciaba en eso de la escolarización y la socialización con otros iguales y adultos a través de la escuela infantil.

Y, a pesar de lo dramático que le pudiera parecer al comienzo, lo cierto es que mi entrada en la que fue durante más de dos años MI ESCUELA INFANTIL cambió por completo la visión de las guarderías que tenía mamá, tan reacia antes a ellas. Y es que cuando no tuvo más remedio que dar su brazo a torcer y matricularme en una de ellas para volver a su puesto de trabajo tras las escasas e insuficientes dieciséis  semanas que nuestro queridísimo país concede a las recién paridas de permiso por maternidad, una vez metida de lleno en la experiencia, cambiamos de opinión y, la verdad ¡no estuvo tan mal!

escuela infantil

Unos dos años “alborotándonos”, recibiendo sonrisas madrugadoras todas las mañanas sin apenas haber cruzado todavía la puerta, adentrándonos en el universo naranja donde he ido ampliando mi círculo social y granando aprendizajes

¡creciendo EN y con la escuela!

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Tres añitos, tres añazos

Tres añitos, tres añazos

Querida pitufilla mía, déjame que sea yo hoy quien te escriba unas líneas a ti. 

Tres años. Treinta y seis meses. Mil noventa y cinco días. Puedes contarlo como quieras, como te sea más fácil, pues el resultado no variará: En poco menos de cuarenta y ocho minutos cumplirás tu primera mayoría de edad; tus ansiados tres añitos y mis increíbles tres añazos. Los primeros porque todavía eres un poquito chiquitita y los segundos, porque sin duda, tú has sido lo mejor que he hecho en la vida.

tres añitos

Viví cada segundo de tu embarazo como el momento más feliz de vida. Mi mano solía estar posada sobre mi barriguita ya desde las primeras semanas. Sabía que estabas ahí, dentro de mí y ya entonces quería hacerte saber cuánto te quería. Me regalaste ¡durante casi cuatro meses! unas horribles nauseas que sólo conseguía aplacar a base de patatas fritas y Doritos, dejando quizás entre ver que eres más de salado que de dulce. Me encantaba acariciarte y sentirte bailar, brincar y coger postura dentro de mí. Era gracioso el hipo que a veces te daba, pero ¡qué largo se me estaba haciendo! Muchas madres me recomendaron disfrutar de la tripita, “que luego la echarás de menos, ya verás” y es que el tiempo parecía ir más lento de lo normal durante aquellos nueve meses malagueños. Yo sólo quería que volara para verte la carita, tenerte entre mis brazos y susurrarte nanas al oído. Finalmente tú, puntual como un reloj, llegaste el día previsto. Un día especial, 29 de junio de 2013. San Pedro. Sigue leyendo

Un universo en el parque

un universo en el parque
Estamos en Semana Santa , de vacaciones y sin ir a la guarde.

Después de mucho pensarlo, papá y mamá decidieron ser uno de esos pocos madrileños que se quedan en la capital por estas fechas, siguiendo las no muy buenas previsiones meteorológicas que daban para estos días en el destino -hasta entonces- elegido. Y yo, sinceramente, casi que se lo agradezco porque, además de habernos evitado la paliza de recorrer unos mil quinientos kilómetros en coche en menos de cuatro días, estos días estamos descansando, que buena falta nos hacía.

Si divertido, divertidísimo fue el día que pasamos ayer en el Zoo con el primo Iker, divertida “chupi piruli” ha sido la mañana de hoy, el día de las vacaciones que mamá había reservado para “descansar” de las casi siete horas de zoológico y picnic familiar que pasamos ayer.

Zoo

Pese a las lluvias y las bajas temperaturas anunciadas para hoy, esta mañana hemos pasado un magnífico rato de parque sin abrigo y de lo más agotador; de esos que te hacen sentarte a la mesa al medio día y devorar el plato del almuerzo. Incluso mamá ha repetido postre de todo lo que ha corrido con nosotros. Sí, habéis leído bien: nosotros, no nosotras. Y es que, en un periquete, de tres que habíamos salido de casa, hemos pasado a ser siete. ¡Y porque no había más niños en el parque que si no hubiéramos sido muchos más, estoy segura!

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La clave está en disfrutar con lo que haces

La clave está en disfrutar con lo que haces

Sí, esa es la clave: Disfrutar con lo que haces, nos dice mamá. 

Hace poco menos de un mes que mamá lanzó una botella al mar este de internet. Iba cargada con lo más profundo de su ser: Reflexiones de esas que ella misma se hace cuando da la vuelta a su cabeza, se pone del revés y comienzan a salir apresuradas.

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De repente, pensó que podría ser buena idea hacer públicos sus valores y compartirlos con todo aquel que los quisiera leer, por si les fuera de utilidad o de interés. De modo que se puso manos a la obra y, como esta vez no iba a ser diferente a cuando mamá quiere algo (que lo quiere ¡ya!), en apenas dos días ya tenía su dominio en la red, página en Facebook, Twitter, un blog con cuatro entradas publicadas y algo que, si bien no era comida, le hacía sentirse “muy llena”, tanto, que no cabía en ella.

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Mil y una noches

 

Hoy ha sido un sábado de lo más raro y es que ¡hemos ido a la guarde!

¡Sí, como lo oís! Papá y mamá asistían a su primer taller de la Escuela de Padres de la guarde, de modo que allá fuimos y, mientras Chloé y Camille nos sumergíamos en la piscina de bolas de la escuela con otros amiguitos, mis papás atendían la charla “Dormir a pierna suelta” dirigida por Marián Molina, psicóloga de actualidad y psicoanálisis.

Esperanzados por creer haber dado con la “receta mágica para dormir 12 horas del tirón”, mis papis pasaron una mañana de lo más divertida, provechosa, enriquecedora y, a pesar de que no se fueron a casa para dormir a pierna suelta, sí volvieron con múltiples experiencias íntimas, anecdóticas e incluso emotivas, compartidas por otros padres desde el entusiasmo y la satisfacción de comprobar que “mal de muchos…”; que las tensiones con sus hijos a la hora de dormir no se dan únicamente en sus casas; que no sólo en ellos hace estragos el cansancio acumulado que provocan mil y una noches durmiendo poco y mal y que no sólo su paciencia se esfuma cuando los despertares impredecibles se repiten o las rutinas no funcionan, a pesar de los esfuerzos. Los unos y los otros, todos padres terrenales, de carne y hueso igualitos que los míos, que se pasan largas noches velando nuestro sueño y cuyas ojeras, cada vez más pronunciadas, les dicen cada mañana: “Sigue así, no desistas. Lo estás haciendo bien”.

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