¡Adiós, guarde! ¡Hola, cole de mayores!

¡Adiós, guarde! ¡Hola, cole de mayores! ¡Adiós, guarde! ¡Hola, cole de mayores! 

Pasado el verano, llegó el nuevo curso y con este, mi nuevo espacio: el cole de mayores. Es tiempo de melancolía para mamá y de recordar tiempos pasados en los que me iniciaba en eso de la escolarización y la socialización con otros iguales y adultos a través de la escuela infantil.

Y, a pesar de lo dramático que le pudiera parecer al comienzo, lo cierto es que mi entrada en la que fue durante más de dos años MI ESCUELA INFANTIL cambió por completo la visión de las guarderías que tenía mamá, tan reacia antes a ellas. Y es que cuando no tuvo más remedio que dar su brazo a torcer y matricularme en una de ellas para volver a su puesto de trabajo tras las escasas e insuficientes dieciséis  semanas que nuestro queridísimo país concede a las recién paridas de permiso por maternidad, una vez metida de lleno en la experiencia, cambiamos de opinión y, la verdad ¡no estuvo tan mal!

escuela infantil

Unos dos años “alborotándonos”, recibiendo sonrisas madrugadoras todas las mañanas sin apenas haber cruzado todavía la puerta, adentrándonos en el universo naranja donde he ido ampliando mi círculo social y granando aprendizajes

¡creciendo EN y con la escuela!

Esa escuela en la que no sólo los niños tienen cabida, sino también sus papás y mamás. Y lo tienen de verdad, pues están abiertos a nuevas sugerencias, críticas constructivas y recomendaciones, porque todo es mejorable y la mejora continua es la dirección correcta (conformarse y morir, todo uno). Abiertos a las familias fomentando su implicación y participación, llegando más allá de los buenos propósitos del papel sobre el que se escribe un proyecto educativo. Hay una frase que lidera las reuniones de inicio de curso de la escuela y a mamá se le graba todos los meses de septiembre:

“Esta escuela la hacéis vosotros, los padres.

La hacemos entre todos”

Pone de manifiesto la necesidad y la voluntad de que exista una simbiosis y una continuidad entre la escuelas y sus familias, entre los objetivos y el modus operandis de unos y de otros en la educación de los niños. Esto, esta oportunidad de “ser parte de“ es algo que mamá agradece infinito y califica como “valor añadido” para la escuela y sus papás. Algo que todas deberían compartir y todos los papis aprovechar, haciendo un esfuerzo aunque sus responsabilidades de adulto trabajador se lo pongan difícil. Pero, ¿cómo no hacerlo si los niños pasamos ahí la mitad de nuestro tiempo de vigilia, casi la mitad de nuestra jornada diaria?

Papá siempre dice que va a pedir plaza para mamá allí también, porque es fácil encontrarla por los pasillos, charlando con unas, comentando con otros porque, no sé si os habréis percatado, pero mamá cuando habla, es que habla de verdad y se enrolla con suma facilidad, y así, de tanto tiempo que pasa en la escuela, se ha planteando seriamente el trasladar allí la maquinita de fichajes de la empresa para la que trabaja. En la escuela incluso le han llegado a decir que forma parte de ella, lo que le sonroja y engorda a partes iguales; le hace pensar que muchos papis deberían compartir ese interés, ya que la educación de sus hijos, al contrario de lo que muchos creen, no es responsabilidad ajena (este tema, os lo cuento en otro post, lo prometo).

educación de hijos

Entre nosotros, os diré que mamá puede llegar a resultar cansina con tanta preguntadera, consulta, duda o sugerencia (aunque, por educación, desde la guarde se lo agradezcan). Sin embargo, gracias a eso, mamá  ha conocido ahí a grandes personas -y mejores profesionales- con las que comparte, además de la confianza necesaria para encargarles nuestra custodia mañanera, conocimientos, puntos de vista complementarios sobre educación infantil, risas, sonrisas y alguna que otra lagrimilla.

Ese lugar pequeño, cálido, acogedor y familiar en cuanto a trato se refiere, fue el elegido por mamá para vivir nuestra experiencia común en el primer ciclo de Educación Infantil, no sólo por su Proyecto Educativo, que también, sino por el feeling que recibes nada más entrar. Su proyecto, además de quedar reflejado en los papeles oficiales de la escuela, se traslada cada día hasta las aulas y, dando fe de ello, están mis frases, esas que ponían el broche final a mi jornada académica cuando mamá venía a recogerme a la escuela infantil y me escuchaba pronunciar: “Mami, otra vez a la guarde”. Estas seis palabras regularmente pronunciadas, suponían para mamá una gran liberación y colocaban su elección entre los primeros puestos de las Decisiones mejor tomadas en la vida.

Sí, a mí me gustaba ir a la guarde porque allí me sentía casi, casi, tan segura como en casa y así mamá estaba tranquila, contando con las garantías suficientes para corroborar aquello que todos los padres queréis saber mientras estáis trabajando: Sí, estamos a gusto, tranquilos y nos tratan bien, con cariño y respeto.

 *Pero ya esa época pasó*

llegó septiembre y con él mi inicio en el cole de mayores

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Nos tocó volver a pasar por lo mismo que hace ya casi tres años, el período de adaptación (¿suyo o mío?). Porque ya sin vuelta atrás, me he iniciado de lleno en mi carrera escolar -del que otro día os hablaremos-. Terminó el verano y sus playeras vacaciones para comenzar a dar respuesta a la retahíla de preguntas que mamá, sin duda, ya ha vuelto a sacar del bolsillo:

¿Aprenderá?, ¿estará a gusto, cuidada y mimada?
¿se sentirá segura? ¿serán capaces sus profes nuevas de conocerla tan bien como la conocían las de antaño?
 ¿sacará su carácter cuando sea necesario o por el contrario se sentirá intimidada, abrumada, …?
¿hará nuevas amigas?

Pero mamá sabe que estas preguntas son, seguramente, algo temporal o al menos, así lo espera. Espera haber elegido bien, otra vez. Porque ya, cerca de un mes de haber comenzado el curso ya está convencida de que no hay mejor cole para mi. Pequeñito, familiar donde todos nos conocemos. Seguimos creciendo, avanzando sabiendo que no se pierde el estilo que encontramos tiempo atrás en la guarde, ese estilo que comparte mamá a la hora de educarnos. Y,  aún sabiendo que  los maestros -¡ya no digo las personas, insustituibles!- son únicos e irrepetibles, no podíamos haber tenido mejor suerte al encontrarnos a la nuestra, que goza de la misma empatía, sensibilidad y dulzura que nuestras profes de la escuela. Mamá respira aliviada al comprobar que ella me tratará con la misma dulzura con la que ellas me trataron durante casi once meses de curso, siendo capaz de transmitir tanto con la mirada que, hasta yo, timidilla y un poco reacia a conocer gente nueva, les abrí mi corazón.

les abrí mi corazón

Para mí, ellas serán de esas profes que uno recuerda toda la vida, por todo lo bueno que le aportó. Por todo lo que me enseñaron. Por esosawfulque hoy forman parte de nuestras enseñanzas y nuestros aprendizajes. Por esa canción de final de curso que, meses después, cuando nos aborda la nostalgia. Por ese pelotero que hacía las delicias de los recreos de los días lluviosos del frío invierno. Por esos abrazos amorosos que hacían de los lunes mañaneros cuales viernes por la tarde. Por eso, sólo eso y más, me acordaré siempre de vosotros, de vosotras. De mi Escuela Infantil, la que fue mi primer espacio social; donde descubrí aquello que llaman amistad y que, igual de divertido que jugar sola puede ser hacerlo acompañada; donde perdí el miedo a disfrazarme y vestirme de chulapa o de pirata; ahí donde entré gateando siendo un bebé y salí corriendo y brincando porque ya era “un poco mayor pero un poco pequeña.

Os recordaré siempre

Y, si no lo hago, ya mamá se encargará de alimentar vuestro recuerdo en mi memoria, mantenernos en contacto porque, escuelas hay muchas, profes a montones y personas por doquier, pero hay algunas que no puedes dejar escapar y que merecen ser parte de tu vida. Y es que, como os decía unos párrafos más arriba, en esta escuela encontramos, además de mucha implicación, personas grandiosas que, igual que han hecho con nosotras, tenemos que mimar y cultivar. Personas que te reciben cada mañana con la mejor de sus sonrisas y un alto y claro ¡buenos días! Olvidando su cansancio, noche de perros o propias circunstancias. Personas dispuestas a escucharte, tenderte la mano si es lo que necesitas y levantarte si te caes o te tropiezas en esto de la “ma-paternidad”. A mostrarte la dirección si es que has perdido el rumbo cuando las rabietas son constantes y ya no puedes más. A prestarte, un Cleenex y dos y tres, y hasta un hombro sobre el que descargar tus penas, esas que se aprovechan de la verbena del post-parto creada por tus hormonas con ayuda de los celos que profesa tu hija mayor. A regalarte minutos y horas de su tiempo

Niños trabajando en equipo

Con personas así trabajando en la enseñanza,

el éxito de la educación está asegurado.

Cuando familia y escuela caminan juntas de la mano y

alineadas en la misma dirección,

mamá está tranquila. no necesita más.  

 

 

2 comentarios en “¡Adiós, guarde! ¡Hola, cole de mayores!

  1. Leticia dijo:

    Jo vaya recuerdo más bonito gracias por recordarnos así.Yo echo mucho de menos a mis niňos del aňo pasado…este aňo mis awful awful no tienen tanto sentido porq los pobres no me entienden y me miran raro.Deseo a la pequeňa princesa lo mejor en este nuevo camino.Seguro q ya han sacado sus sonrisas y sus abrazo.mil besazos

    • Nuria dijo:

      Gracias guapísima.
      ¡Me alegro de que te haya gustado! Para mi -y para C- fuisteis muy importantes el curso pasado. Este curso tenemos una profe GENIAL, de bandera!! Y no podemos estar más contentas!! C no para de recoger piedras u hojas para llevárselas 😂😂
      Estamos muy contentas (pero también echamos de menos el pirateo del año pasado… )
      Te veo en las reuniones y/ o fiestas como mamis de N y CH 😉😉
      BESAZOS

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