Descubrimientos académicos

Descubrimientos académicos

Terminados los exámenes, comienza una etapa de menos frenesí, más piscina, lecturas de verano, helados y ¡hobbies a tutiplén!

Ahora sí, ¡a otra cosa tiritosa! Es momento de hacer balance de los nueve meses que hemos pasado estudiando llenitos de ganas, ilusión, nervios, trabajos, exámenes y carreras, muchas carreras de un lado a otro impulsadas por el “Yo, yo yo” de mamá y su afán por llegar a todo en primera persona. Llaménle cabezonería hereditaria, perfeccionismo o elevado nivel de autoexigencia. Sea como fuere, estos tres elementos combinados de manera simultánea son capaces de estresar a un oso perezoso o ponerte de un humor de perros cuando menos te lo esperas, porque, tal como dijo Aristóteles en Ética a Nicómaco, “cualquiera puede ponerse furioso… eso es fácil. Pero estar furioso con la persona correcta, en la intensidad correcta, en el momento correcto, por el motivo correcto, y de la forma correcta… eso no es fácil.”  

Aristóteles

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Teta Vs mama

Llegando ya al final de la iniciativa de #BloguerasporLactancia creada por Acción contra el Hambre y Madresfera, os voy a contar lo que mamá, miembro del equipo The Mamas Team, opina sobre la lactancia y sus circunstancias:

Hace unos meses, de manera transitoria, la logística en casa cambió. El asiento de piloto del coche que suele ocupar mamá por las mañanas, lo empezó a ocupar papá y es que tres mastitis en un rango de cuarenta días, dejan KO hasta a la mayor de las súper women

¡Eso no hay cuerpo que lo resista!

Dicen que a la tercera va la vencida. La vencida, la derrotada y tristísima de mamá. Porque esa maldita y reincidente infección significaba mucho más que el hecho de tomar una caja entera de antibióticos cada quince días. Implicaba también verse en la tesitura de cerrar o no el grifo de la teta hasta llegar a sentirse obligada a ello, presionada por unos y por otros para que tirase de una vez por todas la toalla y colgara de su pecho el cartel de “no hay más leche”.

gota de leche

Pero mamá, haciendo gala de su cabezonería hereditaria, se resistió a ello y anduvo buscando la fórmula para darle la última oportunidad a su teta sin que ello siguiera perjudicando a su estado de salud. Y no fue otro sino el bendito sacaleches que ya les ha salvado un par de veces de drenajes en el pecho y el cese de la lactancia, quien puso fin al dilema que libraban por aquel entonces el Ello y el Yo de mamá. De no ser por él, aquello hubiera acabado como el rosario de la Aurora y todo por no privarle a mi hermanita de lo que más le gusta en este mundo mundial, su mayor fuente de consuelo, su primera palabra, su exclusivo refugio. Su teta.

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