Mr. Lupus

Mr. Lupus

*Irene*

Una de las mejores amigas de mamá o peque, como la llama ella, tiene pupa, aunque no lleva tiritas. Tampoco sangra, aunque sufre a diario como si lo hiciera.

¿Ir a la playa ataviada con camiseta, pamela y embadurnada hasta las pestañas con crema factor 50+ y no salir de debajo de la sombrilla? ¿Acudir a un cumpleaños con cazadora vaquera a las cinco de la tarde y en pleno mes de julio? Sí, todo esto es posible si tienes pupa, si sufres como peque, Lupus Eritematoso Sistémico (Lupus, para los amigos). Una de esas enfermedades que llaman “raras” pero que para unos 200.000 españoles es más que familiar y que aparece cuando el sistema inmunitario del cuerpo de una persona se hace la picha un lío y comienza a atacar -sin piedad- partes de su propio tejido sano como pueden ser la piel, las articulaciones o los riñones.

RDD

¿Por qué el cuerpo de “peque” actúa así? ¡Eso quisiera saber ella y tantas otras mujeres como ella! Pues el Sr. Lupus afecta más a ladies que a gentlemen y, aunque puede llegar por la espalda, cuando menos te lo esperas, su etapa preferida va de los diez a los cincuenta años o lo que es lo mismo, durante el máximo esplendor de un ser humano. ¡No, si aquí el colega no es tonto y sabe cuándo atacar! Lo mismo ocurre con las razas, pues de lejos es sabido que la negra es la más fuerte de la humanidad (o eso piensa mamá) y Mr. Lupus, muestra una ligera preferencia por negros y asiáticos para desarrollar su actividad.

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Exams Season

Exam Sseason

Como buena estudiante que es, mamá se debe a sus estudios (y a sus futuros alumnos, por supuesto). Pero también a su rol de “esposa-madre-hija-amiga”, por no mencionar a su queridísimo blog, fuente de más y más sonrisas cada día (¡GRACIAS!)

Con tantos frentes abiertos, a mamá no le da la vida. Por más que los estira, los días no suben de veinticuatro horas y el sueño que comienza a acumularse en sus bolsillos, también empieza a  hacer estragos llegando a aparecer cuando menos te lo esperas, con tonito autoritario y, por si fuera poco, a horas y en lugares poco o nada propicios para echarse una cabezadita y reponer energías. Así, mamá ha decidido, con todo el dolor de su corazón, aplicar la máxima de “DIVIDE y VENCERÁS” estableciendo prioridades y evitando la tentación de las tentaciones.

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Mi nuevo cargo, el de conciencia

 

Mi nuevo cargo, el de conciencia

Hoy mamá tiene un nuevo cargo y no, no le han ascendido en la empresa. Tampoco le han subido el sueldo, pero mamá ha cambiado de posición, igual que su estado de ánimo. Lo he percibido desde bien temprano, en su tono de buenos días, que estaba falto de ese entusiasmo tan contagioso que nos concede mamá cada mañana. Y el trayecto a la guarde, me lo ha confirmado.

Mamá está triste, alicaída. Azul. O gris. No sabría deciros exactamente de qué color se encuentra hoy, pero sea el que sea, es de esos que no hacen cantar ni bailar a mamá en el coche. De los que cambian las risas por silencios, de los que transforman a mi mamá alegre y divertida en un piloto automático concentrado en la carretera y nada más, porque no tiene ganas de hablar, ni na de na.

No habrá dormido bien. Lógico, yo tampoco lo he hecho. ¿Cómo iba a hacerlo si mi sueño estaba camuflado por el enfado monumental que ella manifestó ayer tarde con mi hermanita después de la piscina? Semejante rapapolvo, ese perder los estribos es el que ha vestido hoy a mamá con el “cargo de conciencia” que le pesa toneladas y le hace imposible el levantar el ánimo del suelo. Su cara, un cuadro hasta los pies.

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La clave está en disfrutar con lo que haces

La clave está en disfrutar con lo que haces

Sí, esa es la clave: Disfrutar con lo que haces, nos dice mamá. 

Hace poco menos de un mes que mamá lanzó una botella al mar este de internet. Iba cargada con lo más profundo de su ser: Reflexiones de esas que ella misma se hace cuando da la vuelta a su cabeza, se pone del revés y comienzan a salir apresuradas.

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De repente, pensó que podría ser buena idea hacer públicos sus valores y compartirlos con todo aquel que los quisiera leer, por si les fuera de utilidad o de interés. De modo que se puso manos a la obra y, como esta vez no iba a ser diferente a cuando mamá quiere algo (que lo quiere ¡ya!), en apenas dos días ya tenía su dominio en la red, página en Facebook, Twitter, un blog con cuatro entradas publicadas y algo que, si bien no era comida, le hacía sentirse “muy llena”, tanto, que no cabía en ella.

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