De premamá a mamá

De premamá a mamá  

“Embarazada de 2-3 semanas”

Podemos catalogar esta frase entre las lecturas favoritas de mamá 🙂

Aquel 20 de octubre de 2012, un manojo de nervios de 162 cm de altura se había encerrado en el cuarto de baño y sujetaba con su mano izquierda un vasito de plástico lleno de orina y un test de embarazo con la derecha. Pasados unos minutos, sucedió: La explosión de felicidad tuvo lugar y se adueñó de la cordura de mamá. Todo eran brincos y gritos impredecibles, besos y abrazos de euforia incontenible que repartía sin orden ni concierto a mis abuelos y a mi papá.

Positivo

Desde ese mismo instante, las prioridades de mamá cambiaron, consciente y convencida de ello.

Hasta entonces enfocada en lograr el tan de moda éxito profesional, sus horas extra en la oficina pasaron a ser enriquecedoras lecturas sobre embarazo, apego y crianza natural, lo que nos ha aportado a mi hermanita y  a mí laaargas horas de brazos, teta, porteo, colecho, contacto físico y comunicación. Aunque, por lo poco que la conozco todavía (recordad que tan sólo tengo dos añitos y medio), creo que nos lo hubiera ofrecido igualmente sin tanta lectura, ¡ella es así!

Mamá nos coge en brazos siempre que puede, incluso a las dos a la vez, aunque los demás le riñan y le adviertan de las consecuencias sobre su físico; la tachan de bruta y cabezota, pero ella hace oídos sordos porque prefiere evitarnos un berrinche. Y es que os contaré un secreto: Mamá, como los niños, también tiene miedo; le teme a nuestro llanto. Dice que cuando oye llorar a un bebé se le pone un nudo en la garganta y el estómago se le vuelve diminuto. Si nadie atiende ese llanto se indigna muchísimo, mueve la cabeza para un lado y para otro buscando alguien a quien decirle con la mirada “¡¿No ves que está llorando?!,¡cógele en brazos!”. Una vez le escuché decir que desde que yo nací se volvió hipersensible al sufrimiento de los niños y que eso le genera impotencia. Impotencia porque la mayoría de los casos se le escapan de las manos, pero no en lo que respecta a mi hermana y a mí. Por eso, su máxima es hacernos felices y lloremos lo menos posible.

Bebé llorando

¿Y cómo se hace eso? Mi mamá lo tiene claro, pero no siempre lo tuvo y es que, son innumerables la cantidad de consejos que le dieron cuando todavía era premamá, por no hablar de los que vinieron después, una vez que yo ya estaba en este mundo. De repente y como por arte de magia, ¡todo el mundo se había especializado en bebés! Los que tenían una prima, una hermana o una vecina que sabían cómo solucionarte los problemillas con tu recién estrenada maternidad, etc. salían de debajo de las piedras:

  • “¿Cómo que tu hija no coge el pecho?”
  • “… Pues el hijo de fulanito de tal aguantaba hasta 4 horas sin comer desde el primer día”
  • “La cuñada de la que trabaja en la tienda de mi barrio tuvo una hija hace 5 meses que…”

¡Hasta una cajera de un supermercado le dio consejos a mi mamá para que yo no me demorase mucho en venir al mundo! ¡y delante de mi abuela y de una cola de clientes que escuchaban atentos y sorprendidos la clase magistral sobre educación sexual que nos estaba dando aquella buena mujer! Porque yo estaba dentro de la barriga de mi mamá, que si no, seguro hubierais visto mis mejillas bien sonrosadas.

Cansada de que pediatras, matronas, cajeras, farmacéuticas, abuelas, papá, vecinas, hombres, mujeres, con hijos ¡y sin hijos! opinasen sobre cómo mi mamá tenía que actuar conmigo y criarme, su cabeza dijo ¡BASTA! y automáticamente el silencio reinó. Comenzó a escuchar una voz que, con firmeza y determinación se abría paso desde su interior: El instinto maternal. Exacto, el mismo que viste y calza. Desde ese preciso instante mi mamá y él se hicieron inseparables y ella siguió fielmente sus recomendaciones sin dejar de escuchar las opiniones que venían –con buena voluntad, seguro- de fuera, a la vez que pensaba: “Sí, sí, vosotros decid lo que queráis que aquí los que mandamos somos mi instinto maternal y yo”.

Instinto maternal

¿Por qué mamá confía ciegamente en él?

Porque el 99,9999999% de las veces acierta y en contadas ocasiones se equivoca.

Seguramente os estaréis preguntando cómo se conocieron mi mamá y su instinto maternal. Pues bien, lo cierto es que él siempre ha estado ahí para ella, ofreciéndole consejos sin pedir nada a cambio, pero con tantas voces de fuera (recordemos: amigas, pediatras, cajeras, enfermeras, abuelas, papá, vecinas, …), era imposible escucharle, hasta que un hermoso día del verano de 2013, cogió aire y estalló en un grito que escucharon mi mamá y los de la Conchinchina, dando paso a una bonita relación que duraría para el resto de los días.

Mamá se dio cuenta de que, desde la inseguridad y la búsqueda de la perfección que caracteriza a toda madre primeriza, cuando hacía caso a los consejos que provenían de otras personas (con hijos o no), su incertidumbre sobre estar haciendo lo correcto se incrementaba y sus adentros le pedían hacer otra cosa. ¿Entonces, por qué seguía los consejos de la gente? Supongo que por miedo a equivocarse, por inseguridad… Siempre es más fácil echar las culpas a los demás de nuestras decisiones erradas que a nosotros mismos.  Es decir, si tomamos una decisión porque otro nos ha empujado/ animado a hacerla y nos equivocamos, supongo que nos queda el “consuelo” de que esa idea no fue nuestra y siempre podemos decir aquello de “Es que tú me dijiste que…”

Pero, mamá se percató de que no merecía la pena vivir inmersa en un constante conflicto moral: “¿Por qué hago lo que los demás me aconsejan si mi corazón me pide que haga lo contrario?”.

Desde entonces, cuando mami conoce a otra mujer que va a ser mamá, cae en la tentación y le brinda consejos, consejos que siempre se reducen a lo mismo:

Escucha a tu instinto maternal, él nunca se equivoca.

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