Atópico por fuera, atópico por dentro

Atópico por fuera; atópico por dentro

Atópico:

dícese de aquello que está fuera de lugar.

O sea, no normativo.

Años atrás, probablemente una persona atópica fuera simultáneamente atípico, pero lo cierto es que, hoy por hoy, esos sistemas inmunológicos heredados se están abriendo hueco en nuestra sociedad a pasos agigantados, alterando la barrera protectora de las pieles de aquellos en los que se asientan, mostrando clara predilección por los países desarrollados y la primera infancia como público objetivo.

Mi hermana pequeña suele pronunciar convencida yo tengo piel atópica” y “cuando se me vaya la piel, podré comer muchas chuches pero, ¿realmente sabe qué significa eso de ser atópica? Ella sólo sabe que, cuando está estresada, asustada o su vida sufre algún cambio subjetivamente sustancial, aparecen las rojeces, las inflamaciones y los eccemas acompañados de intensos picores y una congestión nasal que le deja, vivir a duras penas y dormir de Pascuas a Ramos.

 

Un batiburrillo de factores genéticos, inmunológicos y ambientales se aprovecha del estado emocional de las personas para poner los nervios a flor de piel. Nervios que empezaron a encajar a la perfección en el desordenado puzzle que teníamos hasta entonces en casa cuando no sabíamos qué ocurría ni a qué se debía y, encontrado el origen de coordenadas desde donde nace esa “personalidad compleja” de mi hermana, la Teoría de la Relatividad entró en casa de la mano de la empatía con la que mamá tiene firmado un contrato de por vida 🙂  Seguir leyendo

No era yo. Era mi piel

No era yo, era mi piel

Mami, hace ya tiempo que te despiertas cada día con el pensamiento de A ver qué tal hoy. Te acercas mi habitación y me observas de pie frente a la cama. Me miras con ternura mientras piensas en todo lo bueno de mi ser; pero también lo haces con pena y miedo a la vez. Te da pánico volver a ver mi piel enrojecida, completamente seca, con lesiones y, cuando me quitas el pijama, ahí están, apoderándose cada noche o cada mañana de nuevos centímetros de mi tez. 

Y entonces tiemblas por el día que te voy a dar. Porque ya sabes que, si amanecemos así, estaremos asá. Y en el camino del dormitorio a la cocina, habrá más de un berrinche o enfado por mi parte con su correspondiente pataleo en el suelo y el abrazo de consuelo por la tuya. Porque nuestros días están llenos de negociaciones y explicaciones, pero algunos más que otros. Hay días en los que nos podemos pasar salvando conflictos cada dos minutos durante más de una hora y media seguida. Días en los que todo lo que vamos a hacer, para mi supone un mundo o una inapetencia. Dias en los que cualquier rutina es un problema, un malentendido o diez segundos de demora en atenderme desembocan en rabieta; rabieta que empiezas tú y sigo yo, a veces gritando y a veces, de la impotencia y la frustración, llorando

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Tú te lo pierdes

Tú    te    lo      pierdes

Pero yo me quedo con las ganas

Perdemos los dos o pierde uno sólo y ya no sé si eres tú o soy yo. Y es que, a menudo, cuando nos sentimos rechazados por esa persona que nos importa o que queremos alcanzar, nos sale desde dentro un incierto y totalmente fingido  “tú te lo pierdes” que pronunciamos tratando de parecer indiferentes, buscando el tono triunfal. Pero ¡no te lo crees ni tú! Ni esas palabras a las que les cuesta traspasar ese nudo imprevisto en la garganta, esa sequedad en la boca por los nervios y esa media sonrisa que intentamos mantener por encima de todo, cuando llega a nuestros oídos la temida respuesta.

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¡Cobarde!

¡Cobarde!  

¡COBARDE!

¡Eres un cobarde!

¿A qué has venido, si nadie te ha llamado? Llegas sin avisar, haces de tu capa un sayo y actúas a escondidas cuan miserable, por la espalda. Por la espalda, los huesos, los riñones, el cerebro… ¡No tienes límite! Careces de escrúpulos y pecas de insaciable.

Como los ladrones, entras sigilosamente y actúas en silencio, procurando no ser visto. Mides y calculas cada paso que das, cada centímetro que avanzas en el cuerpo de tu presa. Te apoderas, sin miramientos, de la alegría de grandes y pequeños. Nos despojas de cabellos, nos quitas kilos de encima y nos cambias la vitalidad por una desidia desmesurada. Tu afán, robarnos la vida como si gozáramos de tantas como los gatos gozan.

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Cuéntame un cuento y verás qué contento

Cuéntame un cuento

En casa nos gusta leer, estudiar. Nos gustan los libros. Y, a pesar de que yo convivo con ellos, sigo sin saber qué son o qué es lo que realmente llevan dentro, eso que mamá llama “Literatura Infantil” y trató de explicarme así: 

Érase una vez un tipo de literatura, la Literatura Infantil, que cualquiera, tentado por la ignorancia, se atrevería a definir como “aquella cuyo público objetivo son, exclusivamente, los niños”. Sin embargo, con el paso de los años, poco a poco los adultos nos hemos ido percatando de que esa condicionada y restringida definición no podía estar más alejada de la realidad, pues, la Literatura Infantil trata, más bien, de una actividad que, basada en las palabras, persigue atraer a los más pequeños, enseñarles con una mezcla entre didáctica y diversión, desde aspectos cotidianos de la realidad en la que crecen y se desenvuelven día a día, hasta la fantasía más fantasiosa. Algo en lo que, el hecho de que el niño sea el receptor, se convierte casi en algo azaroso, pues este tipo de literatura no sólo es capaz de enamorar al público infantil sino, cada vez más, de atraparnos también a los más grandes y experimentados.

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¡Adiós, guarde! ¡Hola, cole de mayores!

¡Adiós, guarde! ¡Hola, cole de mayores! ¡Adiós, guarde! ¡Hola, cole de mayores! 

Pasado el verano, llegó el nuevo curso y con este, mi nuevo espacio: el cole de mayores. Es tiempo de melancolía para mamá y de recordar tiempos pasados en los que me iniciaba en eso de la escolarización y la socialización con otros iguales y adultos a través de la escuela infantil.

Y, a pesar de lo dramático que le pudiera parecer al comienzo, lo cierto es que mi entrada en la que fue durante más de dos años MI ESCUELA INFANTIL cambió por completo la visión de las guarderías que tenía mamá, tan reacia antes a ellas. Y es que cuando no tuvo más remedio que dar su brazo a torcer y matricularme en una de ellas para volver a su puesto de trabajo tras las escasas e insuficientes dieciséis  semanas que nuestro queridísimo país concede a las recién paridas de permiso por maternidad, una vez metida de lleno en la experiencia, cambiamos de opinión y, la verdad ¡no estuvo tan mal!

escuela infantil

Unos dos años “alborotándonos”, recibiendo sonrisas madrugadoras todas las mañanas sin apenas haber cruzado todavía la puerta, adentrándonos en el universo naranja donde he ido ampliando mi círculo social y granando aprendizajes

¡creciendo EN y con la escuela!

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Descubrimientos académicos

Descubrimientos académicos

Terminados los exámenes, comienza una etapa de menos frenesí, más piscina, lecturas de verano, helados y ¡hobbies a tutiplén!

Ahora sí, ¡a otra cosa tiritosa! Es momento de hacer balance de los nueve meses que hemos pasado estudiando llenitos de ganas, ilusión, nervios, trabajos, exámenes y carreras, muchas carreras de un lado a otro impulsadas por el “Yo, yo yo” de mamá y su afán por llegar a todo en primera persona. Llaménle cabezonería hereditaria, perfeccionismo o elevado nivel de autoexigencia. Sea como fuere, estos tres elementos combinados de manera simultánea son capaces de estresar a un oso perezoso o ponerte de un humor de perros cuando menos te lo esperas, porque, tal como dijo Aristóteles en Ética a Nicómaco, “cualquiera puede ponerse furioso… eso es fácil. Pero estar furioso con la persona correcta, en la intensidad correcta, en el momento correcto, por el motivo correcto, y de la forma correcta… eso no es fácil.”  

Aristóteles

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Teta Vs mama

Llegando ya al final de la iniciativa de #BloguerasporLactancia creada por Acción contra el Hambre y Madresfera, os voy a contar lo que mamá, miembro del equipo The Mamas Team, opina sobre la lactancia y sus circunstancias:

Hace unos meses, de manera transitoria, la logística en casa cambió. El asiento de piloto del coche que suele ocupar mamá por las mañanas, lo empezó a ocupar papá y es que tres mastitis en un rango de cuarenta días, dejan KO hasta a la mayor de las súper women

¡Eso no hay cuerpo que lo resista!

Dicen que a la tercera va la vencida. La vencida, la derrotada y tristísima de mamá. Porque esa maldita y reincidente infección significaba mucho más que el hecho de tomar una caja entera de antibióticos cada quince días. Implicaba también verse en la tesitura de cerrar o no el grifo de la teta hasta llegar a sentirse obligada a ello, presionada por unos y por otros para que tirase de una vez por todas la toalla y colgara de su pecho el cartel de “no hay más leche”.

gota de leche

Pero mamá, haciendo gala de su cabezonería hereditaria, se resistió a ello y anduvo buscando la fórmula para darle la última oportunidad a su teta sin que ello siguiera perjudicando a su estado de salud. Y no fue otro sino el bendito sacaleches que ya les ha salvado un par de veces de drenajes en el pecho y el cese de la lactancia, quien puso fin al dilema que libraban por aquel entonces el Ello y el Yo de mamá. De no ser por él, aquello hubiera acabado como el rosario de la Aurora y todo por no privarle a mi hermanita de lo que más le gusta en este mundo mundial, su mayor fuente de consuelo, su primera palabra, su exclusivo refugio. Su teta.

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Tres añitos, tres añazos

Tres añitos, tres añazos

Querida pitufilla mía, déjame que sea yo hoy quien te escriba unas líneas a ti. 

Tres años. Treinta y seis meses. Mil noventa y cinco días. Puedes contarlo como quieras, como te sea más fácil, pues el resultado no variará: En poco menos de cuarenta y ocho minutos cumplirás tu primera mayoría de edad; tus ansiados tres añitos y mis increíbles tres añazos. Los primeros porque todavía eres un poquito chiquitita y los segundos, porque sin duda, tú has sido lo mejor que he hecho en la vida.

tres añitos

Viví cada segundo de tu embarazo como el momento más feliz de vida. Mi mano solía estar posada sobre mi barriguita ya desde las primeras semanas. Sabía que estabas ahí, dentro de mí y ya entonces quería hacerte saber cuánto te quería. Me regalaste ¡durante casi cuatro meses! unas horribles nauseas que sólo conseguía aplacar a base de patatas fritas y Doritos, dejando quizás entre ver que eres más de salado que de dulce. Me encantaba acariciarte y sentirte bailar, brincar y coger postura dentro de mí. Era gracioso el hipo que a veces te daba, pero ¡qué largo se me estaba haciendo! Muchas madres me recomendaron disfrutar de la tripita, “que luego la echarás de menos, ya verás” y es que el tiempo parecía ir más lento de lo normal durante aquellos nueve meses malagueños. Yo sólo quería que volara para verte la carita, tenerte entre mis brazos y susurrarte nanas al oído. Finalmente tú, puntual como un reloj, llegaste el día previsto. Un día especial, 29 de junio de 2013. San Pedro. Seguir leyendo

#ElTemaDeLaSemana Tengo miedo a…

#ElTemaDeLaSemana Tengo miedo a…

… Que mamá crea que va en la dirección equivocada o que su instinto maternal le esté jugando una mala pasada. Miedo de que pueda siquiera pensar que el resultado de su estilo de crianza sea todo lo contrario a lo esperado y que, por tanto darnos y darnos tanto, nos lleguemos a creer con derecho a todo ¡y encima con exigencias!

Le da pavor que tanta diplomacia esté modelando un carácter nuestro excesivamente demandante, que nos haga llegar a la adolescencia con paso arrogante, olvidando dar las gracias como ella nos enseña y con los niveles bajos de tolerancia al NO, frustrándonos tremendamente si, al pretender lo que anhelamos, no lo conseguimos ¡a la de una, a la de dos ni a la de tres!

NO picture

A mamá le aterra que, al darnos todo lo que pedimos, si está a su alcance, podamos desembocar en una forma de adultos insatisfechos, de los que arrasan allí por donde pasan, sin mirar por dónde ni a quién pisan y van con la mirada fija en sus beneficios e intereses, dejando atrás la empatía desde la que ella nos cría y educa.

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